REPLAY/ADELANTE

Reviso las imágenes de los manifestantes arrasando papeleras, paradas de autobús, contenedores y escaparates estos últimos días en algunas ciudades españolas y me producen tedio y preocupación, a partes iguales.

Podrían ser los que se quedaron en casa viendo los dibujos mientras sus hermanos mayores tomaron la Puerta de Sol de Madrid en el movimiento 15M de hace diez años. 

O los hijos de los que protestaron contra la globalización en Génova hace veinte años, con aquellas voces de “Carlo somos todos”, en honor a Carlo Giuliani, la primera víctima del movimiento altermundista. Los jóvenes de todos los tiempos pulsamos una causa.

Hasta ciento cincuenta mil manifestantes y veinte mil policías llegaron a concentrarse en esta ciudad de Italia, que vivió una batalla urbana sin precedentes en julio de 2001. Yo trabajaba en Reuters y recuerdo que un «Carlo per sempre» en spray negro sobre un muro de piedra me atravesó el corazón. Y durante un tiempo me lo creí.



Por lo menos hasta el 11 de septiembre.

El caso es que, si alguien barajase fotografías nocturnas de Seattle 1999, Génova 2001, Madrid 2011, Barcelona 2021 no sé si sería capaz de decir dónde vuela esa papelera, dónde arde el contenedor, en qué ciudad el cóctel molotov está a punto de abandonar las manos de un chico enmascarado, en qué idioma blasfemará el comerciante cuando mañana encuentre su tienda arrasada. ¿No avanzamos? ¿Es esto un continuo replay?

“La persona joven, arrebatada por las pasiones internas, debe escucharse a sí misma, sentirse a sí misma: se transforma en idealista”, escribió Goethe hace casi trescientos años.

Quizás estamos incluso en una marcha atrás. El umbral de combustión de la violencia idealista es menor y decenas de pantallitas luminosas salpican las fotografías de 2021, confundiendo lo que es original con lo que es copia. Había menos móviles grabando en Madrid 2011 y casi ninguno en Génova. ¿Se valora ahora más el original o la reproducción? ¿Hay un original?

Reviso las fotos otra vez.

Intento imaginarme qué portal abren estos chavales cuando vuelven a casa. Usan el ascensor, a qué piso van. Entran en una habitación propia o comparten. Tienen un escritorio, un ordenador propio o navegan solo por el móvil.

Qué buscan en Internet cuando se tiran encima de la cama después de arrancarse los zapatos sin desatar. Se buscan a sí mismos en las fotos, en los tuits, en los posts, en las stories. En Génova 2001 tu madre no iba a ver la foto contigo detrás de un contenedor incendiado antes de oír tu versión sobre dónde estuviste anoche. Tenía que esperar al periódico y al telediario.

Los detenidos en Barcelona (sin afiliación política, sin antecedentes) tenían entre 16 y 25 años, la mayor parte de los jóvenes españoles de esa edad viven con sus padres. ¿A qué padres vuelven estos chavales, si viven aún con ellos? Qué les dicen cuando les abren la puerta y los ven, la capucha aún sobre la cabeza, las manos manchadas de pintura, a lo mejor algún corte, alguna brecha. Qué, cuando les levantan la persiana por la mañana, qué tal la revolución, ya vi cuántos «likes» llevas.

Una vez más, las repaso, de arriba abajo.

¿Qué libros tienen en casa estos chicos? Algún CDs, DVDs, o será todo streaming. Contenido que se usa, pero no se posee. No se enraíza uno a una escena, un diálogo, unos versos, una fotografía, una ilustración.

“Para el ser humano, pensar sobre el pasado significa profundizar, echar raíces y, de esta forma, estabilizarse, de forma que uno no sea arrastrado por lo que ocurra, bien sea esto el espíritu del tiempo, la historia o la simple tentación”, escribió Hannah Arendt en The life of the mind.

Vuelvo al principio y entonces me preocupo, porque estos son los adultos que vienen. ¿A qué se podrán agarrar cuando intenten arrastrarlos a rincones de no pensar: el consumismo, los extremismos, la definición radical por la raza, la nacionalidad, la edad o el género? Porque la frase primera, la de Goethe no se acaba ahí. Sigue: “Por otra parte, el adulto tiene todos los argumentos para volverse escéptico; hace bien en dudar si los medios que ha escogido para el fin son los correctos. Antes de actuar hará bien en mantener la mente abierta de forma que no tenga que lamentar la opción incorrecta”.

Todos los jóvenes quieren un mundo mejor, pero quizás es hora de recordar que estos métodos no son válidos si no se traducen en políticas concretas. Ojalá el mundo actual les dé el tiempo necesario a estos chicos para hacerse adultos. Mejores adultos que los actuales, a poder ser. Pero fundamentalmente adultos.

**Este artículo apareció en ViceVersa Magazine en marzo 2021. Puedes encontrarlo aquí.